Cosmovisión


Por: Raúl López Gómez
El país de nunca jamás
Es cierto, aquí tocó nacer, vivir y morir, pero dicen que los mexicanos son los campeones de la felicidad.
Y ese es el dilema para el análisis de los expertos, especialistas y analistas del conocimiento del sentido común, si de la praxis, y de los que se dicen académicos que en la realidad no lo son, porque simulan muy bien, y ahí la llevan.
Los políticos “guangos “, que ahora son aliados, y como dice el clásico “los de antes no somos los mismos”, cuando las fortunas delatan en algo muy trillado: dinero y amor no se pueden esconder.
Los sin nombre los de Víctor Hugo de “Los miserables”, también acá en estos lares de “nosotros los pobres, y ustedes los ricos”.
Políticos, que vienen de vivir en las casas de los pisos de tierra y el fogón para cocinar, de la crianza de cerdos y gallinas, de cultivar la tierra para salir adelante y de repente cantan rock, son poetas, escritores y los famosos intelectuales que no pudieron con el inglés, las matemáticas y la literatura de “José Luis Borges”.
El mundo de la política y la gente, que les vale su riqueza, su suntuoso modo de vivir y las diferencias, los ricos comen carro, casa y la tarjeta de crédito, mientras los pobres estoicos y  resilientes en el mundo del Chavo del Ocho,  descrito por Roberto Gómez Bolaños, de la torta de huevo, que en Veracruz, se disfruta como la más cotizada especialidad de lujo del Café de la Parroquia, fielmente perfeccionada como la torta de huevos tirados, los famosos frijoles con huevo, un manjar para los paladares más exigentes y un café caliente, acá a nadie se le niega.
¿Esa es la verdadera y auténtica cultura democrática? De quienes pasan a bordo de los lujosos camiones chinos del servicio público, que sienten que van en limusina y con chofer a la puerta de la casa.
Y es que es cierto, “los ricos también lloran “, y como dice la canción “y todo para que “, robar fortunas del erario público y de los negocios que ya no son en “lo oscurito”, del lenguaje foxiano, de los de la “pririnola” que se puso de moda y otros la superaron “todos roban”.
En esa dimensión, los pobres, sí los de “la perrada”, chusma o los del montón, los que tienen el primer lugar en el mundo, les vale la vida de los políticos ricos, y simplemente que con su hambre se lo coman.
En lo cotidiano, en el país del nunca jamás, en el del mundo de Cachirulo, del nadie sabe, nadie supo, como un modelo a seguir de la desinformación, desmemoria de los tesoros ocultos de los aztecas, en los tiempos del dejar hacer, dejar pasar como regla, y del mundo de la utopía de Tomás Moro, y que Eduardo Galeano, decía que nunca se va alcanzar la verdad, y de los archivos ocultos oficiales por tenebrosos siguiendo el modelo del vecino incómodo, que así concluyó la investigación del caso de John F. Kennedy y cerró el expediente en una cápsula del tiempo, eso no es nuevo para nadie y por lo mismo sucede lo que sucede, y sin problema la vida sigue, hasta con los llamados barcos fantasmas, ya de moda, que contaminan o se incendian y hasta explotan, y la información se convierte en incómoda y se oculta con el mago David Copperfield de estos lares.
Así es, que la regla es ser felices, con los nuevos paradigmas de justicia de improvisación, los que están de moda y del no pasa nada, pero se acercan los tiempos electorales y ofrecen hasta las perlas de la virgen, cuando “todos ganan”. Andale. Así las cosas.

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