
La filarmónica de los 25 millones
La Orquesta Filarmónica de Boca del Río no nació por amor al arte. Nació por decreto político. Fue una ocurrencia fina —eso sí— del segundo periodo de Miguel Ángel Yunes Márquez, quien decidió que Boca del Río no solo necesitaba banquetas bonitas, sino una orquesta de nivel internacional y, de paso, un edificio monumental llamado Foro Boca.
Cultura con concreto, aunque en su momento no faltaron las voces que dijeron que aquello era más capricho que necesidad.
Llegó Humberto Morelli y al principio todo indicaba que la orquesta seguiría tocando… hasta que apareció la pandemia. El 2020 fue la partitura perfecta para bajarse del escenario. Sin conciertos, sin eventos masivos y con el pretexto sanitario como telón de fondo, la Filarmónica dejó de ser prioridad. Los músicos protestaron, reclamaron, pero la música se apagó. Fin del acto.
Luego vino el regreso del yunismo por la puerta de atrás. Ganó Paty Lobeira la alcaldía de Veracruz, pero quien llevaba la batuta —al menos al inicio— era Miguel Ángel Yunes Márquez. Y como toda buena obra, hubo un encore: reaparece la Orquesta Filarmónica con un contrato de 25 millones de pesos para subsidiar a un proyecto que, curiosamente, tiene sede en Boca del Río y solo de vez en cuando tocaba en Veracruz, generalmente en el Teatro Clavijero.
Eso sí, no nos confundamos. Mucha “cultura”, mucho discurso elevado, pero la realidad es que los conciertos siempre han sido de paga, por abonos. Gratis, solo en ocasiones especiales: Navidad, villancicos y buena voluntad temporal. Cultura sí, pero con boleto.
Hoy el escenario cambió. Rosa María Hernández Espejo, nueva alcaldesa de Veracruz, decidió no seguir financiando una orquesta ajena con dinero que —según sus propias palabras— se necesita para lo urgente: calles, servicios, rezagos que no se resuelven con violines. Y, seamos honestos, la lógica no desafina.
Del otro lado, MaryJosé Gamboa promete apoyar… pero solo en el mantenimiento del Foro Boca. Nada de cifras claras, nada de cheques millonarios. Y es comprensible: Boca del Río será moderna, ordenada y bonita, pero también tiene gastos, pendientes y necesidades que no se pagan con aplausos.
Al final, la Filarmónica queda como lo que siempre ha sido: un proyecto político vestido de cultura, muy elegante, muy fino, pero sostenido a base de presupuestos públicos. Cuando el dinero fluye, hay música. Cuando se corta, se hace silencio.
Y como siempre, la pregunta no es si la orquesta es buena —porque lo es—, sino si debe seguir tocando con cargo al erario… o si ya es hora de que aprenda a sobrevivir sin subsidios afinados a conveniencia. 🎻💸
